Antonio Manuel Tomás: «Una decisión consensuada con mi mujer e hija. Estamos muy ilusionados los tres»

8 de Julio de 2018

Antonio Manuel Tomás Pérez, 44 años y maestro de Educación Infantil y Primaria. Está casado y es padre de una adolescente. A lo largo de estos años ha ido asumiendo una serie de compromisos tanto de fe como sociales en las parroquias de la Milagrosa, San Pablo, Santo Domingo de Guzmán, en la Comisión Diocesana de Justicia y Paz, en el taller de comunicación de la prisión de la `Torrecica´ de Albacete, en Pastoral de la Salud y en su grupo de profundización en la fe (Chinchetas). Los últimos años ha estado formándose en Teología en el Instituto Teológico de Albacete y ha estado madurando su respuesta a la llamada a la vocación para el diaconado permanente a través del acompañamiento espiritual y del discernimiento vocacional.

El próximo sábado tenemos fiesta en la Iglesia de Albacete…

Así es, el sábado 14 de Julio, a las once de la mañana recibiré la ordenación como diácono permanente por la imposición de manos de nuestro Obispo Mons. D. Ciriaco Benavente Mateos en la parroquia de Santo Domingo de Guzmán de Albacete. Os invito a que me acompañéis con vuestra presencia y con vuestra oración.

¿Qué es un Diácono Permanente?

El diaconado es uno de los tres grados del Sacramento del Orden: diaconado (diáconos), presbiterado (sacerdotes), episcopado (obispos). Podríamos decir que es el primer grado del Orden, el grado inferior del sacramento del Orden. Tradicionalmente el diaconado se ha considerado como un paso previo al Orden sacerdotal; los seminaristas tras formarse debidamente durante años como paso anterior  se ordenan diáconos y, tras un periodo más o menos largo de diaconado, reciben la ordenación sacerdotal.

Sin embargo el diaconado permanente tiene la característica “especial” de no considerarse un paso previo al sacerdocio sino que es un grado “permanente”, “definitivo” del Orden. Esta figura del diaconado se recuperó significativamente en el Concilio Vaticano II que trató de beber de las fuentes del cristianismo original de los primeros siglos recogiendo la figura importante y significativa en esos primeros años de la diaconía: hombres y mujeres encargados específicamente al servicio de la comunidad eclesial, colaboradores directos de sus hermanos presbíteros y en comunión y obediencia a su Obispo.

El diaconado se comprende más analizando el significado de la palabra diácono. Diácono en griego significa “servidor”, “el que está al servicio de…”. El diácono está al servicio de la Iglesia Diocesana, es un colaborador estrecho y eficaz de sus hermanos sacerdotes, sirviendo en el ministerio de la liturgia, en el ministerio de la Palabra y sobre todo distinguiéndose en el ejercicio de la caridad.

Y, ¿cómo surge tu vocación?

Esta llamada al servicio desde el ministerio del diaconado surge hace ya varios años, según mis cálculos más de diez años, por lo que llevo un periodo de discernimiento sobre esta vocación intenso y dilatado en el tiempo. Surge esta llamada en el seno de mi propia familia animado principalmente por mi mujer que es la que no sólo me ha permitido responder a esta vocación sino la que la ha ido animando y sosteniendo en aquellos momentos en los que yo no veía tan clara esta llamada. No puedo olvidar tampoco que es dentro de mi grupo de profundización en la fe, que tiene por nombre Grupo Chinchetas, y que para mí es auténtica comunidad de fe y vida, dónde maduro esta opción hacia el ministerio diaconal. Es para mí también muy importante el acompañamiento espiritual y de discernimiento vocacional que recibo de mi amigo y hermano en la fe D. Javier Avilés, orientándome, favoreciendo la maduración de procesos, ayudándome a despejar miedos y dudas. 

A partir de ahí: el silencio, la meditación, la oración asidua y permanente, me han permitido descubrir a Dios de forma nueva, como Madre/Padre misericordioso lo que me ha llevado a comprender desde lo hondo que los demás son hermanos y hermanas, y que los más pobres son presencia viva y sacramental de Cristo. Sin esto no puedo entender mi llamada al ministerio diaconal.

¿Qué tareas harás a partir de ese día?

Las tareas específicas que me van a ser encargadas a partir de mi ordenación el 14 de Julio son las propias de la misión y oficio del diácono: administrar el sacramento del Bautismo, distribuir la comunión, asistir y bendecir el sacramento del Matrimonio, presidir el rito de los funerales, realizar celebraciones de la Palabra…, pero sobre todo mi tarea fundamental es el servicio, servicio a la Iglesia de la Diócesis de Albacete pastoreada por nuestro Obispo, concretándolo en el servicio a mi parroquia, y en ella concretándolo aún más, como tarea específica del diácono, el servicio a los enfermos, a los ancianos y a los más necesitados.

¿Y qué piensa tu familia de este paso?

Mi mujer y mi hija me han estado apoyando durante todo este proceso que ha sido largo y a veces difícil, están muy ilusionadas por esta decisión que no tomo yo solo, sino que es una decisión consensuada y familiar ya que mi primera vocación es el matrimonio y mi familia. Ellas son plenamente conscientes de esta responsabilidad y, aún con los nervios propios de una nueva aventura, porque esto supone una nueva forma de vida, estamos muy ilusionados los tres.

¿Qué ocurrirá el 14 de julio a las 11 de la mañana en la parroquia Santo Domingo de Guzmán?

El sábado 14 la Iglesia de Albacete presidida por su obispo D. Ciriaco pondrá su confianza en mí para la realización de la misión. El obispo, tras preguntarme por la claridad de mis intenciones y reclamarme obediencia a él y sus sucesores, tras orar y pedir por mí a los santos, me ordenará diácono a través de la imposición de manos y la oración de consagración, después de esto me revestirán con los ornamentos litúrgicos propios del diácono: estola cruzada y dalmática y me harán entrega del evangelio como signo de la palabra a la que debo servir y transmitir. En definitiva, lo que celebraremos el sábado es un envío para la misión.

¿Qué sentimientos tienes ante la Ordenación Diaconal?

Mis sentimientos a tan pocos días de la ordenación son ambivalentes. Por un lado tengo una gran alegría e ilusión por poder decir sí al Señor que me llama. Por otro lado soy consciente de la gran responsabilidad de este envío y me preocupa no poder estar a la altura de lo que se me pide. Sin embargo, a poco que hago silencio en mi interior descubro que Dios sólo te pide lo que ya te ha dado, así que a dar gratis lo que de balde recibí.

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